GOOOOOOL DE MÉXICO

A COREA

 

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

CIUDAD DE MÉXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 18 de junio de 2026. —Desde la cancha del Estadio Guadalajara, en la vibrante ciudad de Guadalajara, Jalisco, el futbol volvió a unir lo que la geografía separa: México y Corea del Sur, dos países que se miran con respeto, admiración y una hermandad construida a lo largo de décadas.

 

Esa fraternidad quedó suspendida durante 90 minutos mientras se enfrentaban en un duelo intenso, táctico y lleno de orgullo, en el que México —sólido, ordenado y con oficio para cerrar el encuentro— se impuso 1-0 ante una Corea competitiva, valiente, pero sin claridad en el último tercio.

 

El ambiente previo fue una fiesta compartida. Afuera del estadio, los colores verde y rojo se mezclaban con el blanco y rojo coreano en un mosaico que parecía más una celebración cultural que un partido mundialista. Hubo intercambios de banderas, fotos improvisadas, abrazos y hasta intentos de hablar en el idioma del otro.

 

En redes sociales, los memes hicieron lo suyo: mexicanos bromeando con el K‑pop, coreanos respondiendo con mariachis, y ambos países celebrando una amistad que trasciende el marcador. Era un partido esperado, pero también un encuentro entre pueblos que se reconocen con cariño.

 

Cuando el silbatazo final confirmó la victoria mexicana, el Ángel de la Independencia, aquí en la capital del país, volvió a cimbrarse. Miles de aficionados se reunieron para celebrar el pase a los dieciseisavos, ondeando banderas y cantando como si el corazón se les fuera en cada grito.

 

En contraste, la tristeza coreana se sintió digna y silenciosa: jugadores cabizbajos, aficionados que aplaudían pese al dolor y un sentimiento compartido de haber luchado hasta el último minuto. Dos emociones opuestas, pero un mismo respeto.

 

Ahora México mira hacia adelante. Se vienen partidos decisivos, rivales más duros y un camino que exige concentración absoluta. Pero este triunfo deja algo claro: la selección tiene orden, carácter y la capacidad de cerrar partidos con madurez. Si mantiene este paso, México no solo puede avanzar… puede sorprender. El Mundial 2026 apenas comienza para el Tri, y la ilusión vuelve a encenderse con fuerza.

 

Y mientras México celebraba y Corea lamía sus heridas deportivas, en redes sociales estalló un episodio paralelo: el oportunismo mediático de la exalcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, quien apareció entre los aficionados presumiendo un escote que desató una ola de críticas. Más que apoyo al Tri, muchos usuarios lo interpretaron como un intento de colgarse del momento nacional.

 

Las bromas, los memes y los comentarios irónicos no tardaron en recordarle que, para un amplio sector de la ciudadanía, su figura sigue asociada a acusaciones de corrupción, escándalos públicos y señalamientos sobre presuntas relaciones con personajes del crimen organizado, controversias que continúan marcando su imagen. El contraste entre la alegría futbolera y el cinismo percibido en su aparición terminó por encender aún más la conversación digital, donde se escuchó fuerte el goooooooooooooooool de México.

 

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